"Mi pequeña", de Raquel Raposo, es la ganadora del X Concurso de Cartas de Amor convocado por la galería ribadense Terra Branca

Mi pequeña, de Raquel Raposo Acevedo, es la ganadora del décimo Concurso de Cartas de Amor convocado por la galería ribadense Terra Branca con motivo de la celebración del día de San Valentín.

José Ramón Leal, propietario de Terra Branca, comenta que “un año más el concurso ha sido un éxito de participación, porque hemos recibido 53 cartas procedentes de diferentes puntos de Galicia y de España. Estamos muy contentos. El jurado lo ha tenido difícil”.

Raquel Raposo nació en Barakaldo en 1968, unos años después de que sus padres emigrasen desde Ribeira de Piquín: “tardaron diez largos años en volver a Galicia a visitar a la familia y a presentar a sus dos primeras hijas. Llegamos a Ribadeo a la casa del tío Emilio y la tía Felicitas… Esos fueron los recuerdos que me vinieron al enterarme de que Terra Branca convocaba su 10 concurso de cartas de amor y me animé a escribir una carta a una niña muy especial para mí”. Y explica que “desde aquel viaje, he vuelto a Ribadeo ininterrumpidamente. En las mismas playas que yo me bañé, se baña ahora mi propia familia. Es nuestra otra casa. Así que agradezco mucho a Terra Branca lo que me ha hecho revivir.  Creo que su conexión con la tierra, con la cultura gallega y con A Mariña ha empujado mis recuerdos. Gracias de corazón”. 

Raquel Raposo recibirá como ganadora del X Concurso de Cartas de Amor de Terra Branca una magnífica figura de cerámica gallega.

José Ramón Leal felicita a Raquel Raposo, agradece la participación en la convocatoria y anima a seguir escribiéndole al amor. 

Carta ganadora 

Querida pequeña:

¡Qué alegría me das cuando apareces de repente!.

Esta mañana te has asomado cuando viajaba por una carretera rural envuelta en niebla. Te recuerdo apoyada en los asientos delanteros del coche comiéndote con los ojos el trozo de camino que faltaba para llegar a la casa de Villaselán. Allí nos esperaba la familia deseando abrazar a mamá y papá, después de tantos años sin volver a su tierra, y deseando conocer a sus niñas. Recuerdo sus abrazos amorosos, que tantas veces después recibiste. Comenzaba el verano, ¡quién lo diría con aquella niebla que duró todo agosto!. Comenzaba la aventura; comenzaban tus primeras vacaciones en Galicia.

Me concentro y me llegan las piezas alborotadas de un puzle: tu disfrute acariciando los conejos y escondiéndote en su jaula para que no te llevaran a la playa, tu asombro ante las hileras de patatas y cebollas secándose en la tierra; tu atención a las historias contadas en gallego; tu pasión por la tarta de zanahoria de la tía Felicitas; tu curiosidad por el olor del licor de guindas; tus risas y tus gritos al bañarte con tu hermana en las heladas aguas de aquella solitaria playa en la que ahora exigen ticket para entrar, …

Pues bien, pequeñita mía, tengo que contarte que, cincuenta años más tarde, sigo comiéndome con los ojos el puente de los Santos buscando la ría y la torre de los Moreno. Ya no están ni mamá ni papá, ni muchos de aquellos brazos acogedores, pero cada vez que llego a Ribadeo huele a verano, aunque sea invierno; huele a casa.

Y de vez en cuando, un sabor, un olor, un paisaje …. me traen al recuerdo a esa niña que sigue en mí y que tanto disfrutaba con las pequeñas cosas.

Prometo cuidarte siempre y hacer lo posible para que me visites más a menudo.

Raquel